A los 60 años, Pipistrello, el diseño de Gae Aulenti, sigue desafiando la biografía del objeto doméstico. No pertenece a un estilo ni a una época: vive en esa zona liminal donde las formas se convierten en personajes y los personajes, en arquitectura portátil. Quizá porque su autora, Gaetana Emilia Aulenti, “La Gae”, hizo de la itinerancia un modo de pensamiento. “Ser tan nómada de un lugar a otro, de un trabajo a otro” fue su credo vital, una resistencia activa a la especialización que le permitió cultivar el teatro, la arquitectura y el diseño con la misma obstinación lúcida con que reivindicaba la condición femenina. Desde Udine a Milán, pasando por Biella y Florencia, y luego por el mundo entero, Aulenti construyó una mirada capaz de detectar en cada disciplina un escenario posible.

Pipistrello, concebida en 1965 para el showroom de Olivetti en París, pertenece a ese linaje de objetos que no envejecen porque nunca han obedecido del todo a su tiempo. Su tripartita verticalidad, compuesta por base, fuste telescópico, difusor, sigue un orden silencioso que sostiene la libertad formal. La lámpara no se limita a iluminar; Pipistrello habita el espacio, lo interpreta, marca un ritmo. Su doble identidad, mesa o pie según la altura, anticipa una flexibilidad que hoy damos por descontada, pero que en los años sesenta rozaba la audacia tecnológica.


Aulenti la concibió como un organismo más que como un dispositivo: geometrías equilibradas, volúmenes que parecen respirar, un difusor de metacrilato que evoca al murciélago del que toma su nombre. En el paisaje teatral del showroom de Olivetti, Pipistrello actuaba más que funcionaba: establecía contrapuntos, guiaba la mirada, aportaba una presencia casi animista.

Su producción no fue sencilla: el vástago telescópico exigía precisión; el moldeado del difusor parecía una quimera. Pero esa dificultad se integró en su ADN: cada pieza era inédita. Por eso hoy sigue pareciendo moderna sin necesidad de actualizaciones.

En su 60 aniversario, Pipistrello reafirma su rareza coherente. No es modernista ni posmoderna; es, simplemente, Aulenti. Una lámpara que ilumina el espacio. Puede que el secreto de su éxito esté ahí: en mostrarnos que ciertos objetos están diseñados para redefinir el mundo.