En 2026 celebramos el centenario de Verner Panton, una figura imprescindible para entender cómo el diseño del siglo XX se convirtió en un territorio de imaginación radical. ¿Arquitecto, diseñador, artista del color? Panton fue todo eso, y además un creador capaz de transformar la percepción cotidiana del espacio.

Un creador que pensaba en color
Su relación con la arquitectura comenzó en 1947, en la Real Academia de Arte de Copenhague, donde ya mostraba una sensibilidad extraordinaria por el color. Con la llegada del Pop Art a Europa, esa intuición se convirtió en una declaración de principios. Mientras otros pintaban lienzos, Panton buscaba que el público pudiera vivir el color: tocarlo, habitarlo, dejar que definiera la atmósfera.
En esos años también emergieron sus primeras luminarias, como la Topan (1959): una esfera pura, esencial, que condensaba su visión en un gesto mínimo. Poco después llegó la icónica Flowerpot (1968), con sus dos semicírculos enfrentados, una lámpara que se convirtió en símbolo de una generación que quería romper con lo establecido. Ambas piezas demostraron que para Panton la luz no era solo función: era emoción, ritmo y escenografía.
Tras colaborar con Arne Jacobsen, y participar en la creación de la Ant Chair, Panton recorrió Europa en una furgoneta Volkswagen. Aquel viaje fue una investigación móvil. De ahí nació su estudio en 1955, en el que lo experimental dejó de ser una intención para convertirse en método.
La Panton Chair: diseño como gesto
Entre todos sus proyectos, ninguno encarna mejor su visión que la Panton Chair. Tras años de insistencia técnica y conceptual, en 1967 logró materializarla con Vitra: una curva continua, futurista y audaz que rompía cualquier noción tradicional de mobiliario. “Provocar que la gente use su imaginación” era, según él, la misión del diseño.
La silla evolucionó a lo largo de los materiales y las décadas hasta convertirse en parte del canon, presente en museos como el MoMA.
Un legado que sigue iluminando
Panton no diseñaba objetos: diseñaba experiencias totales. En su centenario, celebramos esa audacia que, todavía hoy, nos invita a imaginar futuros posibles.



